La máquina de Antiquitera.En el año 1.900, un barco griego de pescadores de esponjas fue desviado de su ruta por una tormenta, arribando a la isla de Antiquitera, en cuya costa la tripulación descubrió los restos de una nave romana hundida en el siglo I a.C. Junto a valiosos objetos de cerámica, la bodega contenía unas extrañas piezas de bronce corroídas por el paso del tiempo, a las que al principio no se prestó demasiada atención. Dos años después, cuando Valerio Stais, director del Museo Arqueológico Nacional de Atenas, examinaba aquellos pedazos de metal descubrió que eran engranajes pertenecientes a un mecanismo muy complejo; de una complejidad que iba mucho más allá de la capacidad tecnológica tradicionalmente atribuida a los habitantes de la Antigua Grecia.
El aparato es un mecanismo de bronce y madera del tamaño de una caja de zapatos: 31,5 centímetros de longitud, 19 de anchura y 10 de grosor. Originalmente, el sistema de ruedas dentadas estaba protegido por una caja de madera, hoy casi totalmente perdida. Esa caja tenía una puerta frontal y otra trasera, con inscripciones astronómicas que cubrían la mayor parte del exterior del mecanismo.
La función de la máquina resultaba, en principio, un misterio. Las primeras teorías sugirieron que se trataba de un astrolabio utilizado para la navegación, aunque los más escépticos lo negaban: el objeto pertenecía a una época más reciente y sólo por casualidad había aparecido junto a restos de la Antigüedad Clásica. Según otra teoría surgida en los años 50, el mecanismo funcionaba como un reloj astronómico capaz de calcular, entre otras cosas, la posición de la luna y los planetas para una fecha determinada, lo cual resulta un hallazgo bastante extraordinario, ya que los primeros relojes astronómicos de ese tipo conocidos hasta entonces databan del siglo XI d.C.
En otoño de 2005, 105 años después de su hallazgo, fue examinada por expertos de Hewlett-Packard, quienes tomaron imágenes digitales de los trozos de metal y madera, que después fueron examinados con un escáner de rayos X de alta resolución, de 8 toneladas de peso. Y así, la tecnología del siglo XXI ha permitido ver mejor el estilo de letra de las inscripciones, común entre 150 y 100 aC. Además, ahora es legible el doble de texto que en la época en que la máquina fue hallada y eso, junto con el número de dientes de las ruedas, ha ayudado a determinar para qué servía la máquina.
El dial frontal se utilizaba para conocer “la posición del Sol y la Luna en el Zodíaco, y un calendario correspondiente de 365 días que podía ajustarse para los años bisiestos”. Los dos diales traseros indicaban el tiempo según dos ciclos astronómicos: el de Calipo -de 76 años y 940 lunaciones- y el de Saros -de 18 años y 223 lunaciones-, usado para predecir eclipses solares y lunares. Además, los autores creen, por las inscripciones, que pudo haber engranajes -hoy perdidos- para vaticinar el movimiento de los planetas.
Peeeeeeero ... ¿cómo hicieron los griegos del siglo I a.C una máquina así?
