La realidad a veces supera la ficción y descubre situaciones insólitas. Un ejemplo de esto es la escena que se vivió la madrugada del pasado sábado en la Comisaría de Policía Nacional de Estepona. Tres personas acudieron a estas dependencias para denunciar que habían sido víctimas de un secuestro, pero su relato de los hechos, ofreciendo versiones contradictorias, les delató. Dos de ellas eran los propios secuestradores y la otra persona era su víctima, que había permanecido tres días cautiva.
Agentes de la Policía Nacional detuvieron a los dos raptores que se hicieron pasar por rehenes como presuntos autores de un secuestro relacionado con el tráfico de drogas. También fue arrestada una mujer durante el registro de la vivienda donde se produjo el encierro, que al parecer ejercía labores de custodia. El móvil del rapto era recuperar 320.000 euros que había robado el hermano del retenido en una compraventa de hachís.
La investigación sobre los hechos se inició el pasado jueves cuando el cuñado y la hermana de la persona retenida -ambos de origen marroquí y mediana edad- se personaron en la Comisaría esteponera para denunciar su desaparición. Mientras tramitaban la denuncia, los policías fueron testigos de una llamada telefónica en la que un individuo que hablaba castellano con acento árabe reclamaba bajo constantes amenazas 320.000 euros a cambio de la liberación del secuestrado.
Uno de los denunciantes explicó que su cuñado (la persona retenida) se había citado el día anterior en Estepona con un conocido, también de nacionalidad marroquí. A partir de ese momento no habían tenido noticias suyas, hasta el primer contacto telefónico de los secuestradores. Éstos, como prueba de vida, permitieron a la víctima ponerse al teléfono para confirmar entre sollozos y quejas de dolor que efectivamente se encontraba con ellos. Además, los secuestradores amenazaban con llevarse a la víctima a Francia si el pago no se efectuaba en una hora, según explicaron fuentes policiales.
Llaman al 112
Se activó entonces el dispositivo policial de investigación. Los agentes de la Comisaría de Estepona informaron a la sección de secuestros de la Comisaría General de Policía Judicial, que coordinó desde ese instante las investigaciones.
Pero los planes de los secuestradores dieron un giro inesperado. El teléfono de Emergencias 112 recibió varias llamadas en las que un individuo -también con acento árabe- decía encontrarse secuestrado junto a otros dos varones en una urbanización marbellí, sin precisar la ubicación. Los investigadores sospecharon que dicha llamada fuera una coartada del secuestrador para justificar su participación en los hechos como una víctima más y no como autor.
Así fue. De madrugada y en pleno operativo policial desplazado hasta el municipio marbellí para comprobar la persistencia del secuestro, se personaron en la Comisaría de Estepona los dos secuestradores y su víctima. Los dos captores ofrecieron versiones confusas de lo que ocurrido. En ellas, aseguraban que también habrían sido víctimas del rapto por parte de terceras personas. Los policías les detuvieron en el acto.
Por su parte, el secuestrado aclaró que se había desplazado, a instancia de un conocido (uno de los detenidos) hasta un lugar de Estepona para hablar sobre un problema que tenía su hermano. Una vez allí, unos seis individuos le asaltaron, introdujeron en un vehículo y trasladaron hasta un piso en Marbella. Allí le explicaron que tenía que «responder» por 320.000 euros que había robado su hermano en una transacción de tráfico de estupefacientes.
La víctima permaneció cautiva en varios pisos, siempre custodiado por individuos armados y con la presencia de los dos detenidos, quienes contactaron telefónicamente con su cuñado para exigir el pago. Todo concluyó cuando, ante la investigación policial, los captores armados desaparecieron y los secuestradores llevaron a su víctima a Comisaría.