http://www.elconfidencial.com/sociedad/jovenes-buscar-curro-extranjero-20100315.html (http://www.elconfidencial.com/sociedad/jovenes-buscar-curro-extranjero-20100315.html)
Es alto ejecutivo en una multinacional con presencia en España, treintañero y con un futuro prometedor. Sin embargo, la crisis no hace distingos entre currículos y a José Manuel Fernández le han comunicado que va a haber un ERE en su empresa que va a afectar a la mitad de la plantilla. El puede estar entre los ‘nominados’. Su mujer se quedó sin trabajo hace unos meses. Trasladaron su división a Marruecos, donde los costes son muchos más bajos.
Como muchos otros, José Manuel está pensando hacer las maletas y marcharse a los Estados Unidos en busca de una oportunidad. En España, el mercado laboral está seco. Son varias las razones que le llevan a ‘colgarse la mochila al hombro’: experiencia, progreso personal, cultural y fundamentalmente económico. "Los sueldos no tienen nada que ver con los de aquí", señala a El Confidencial. Eso sí, le gustaría que su viaje tuviera 'fecha de caducidad'.
No es el único caso. Son muchos los jóvenes que, al igual que sucedía en los años sesenta, cuando los españoles cogían las maletas y se iban a Alemania en busca de una oportunidad, se están planteando la posibilidad de irse a vivir fuera.
La espinita de marcharse al extranjero a aprender idiomas y vivir una experiencia siempre ha perseguido a María Erustes, licenciada en Biología. Ahora que se encuentra planteándose qué hacer con su vida piensa que es el momento de salir, al menos durante el tiempo que dure la crisis, pues “aquí las cosas están bastante complicadas para encontrar trabajo y creo que hay que sacar provecho de la situación actual”. Por ello, su intención es irse a África y trabajar en cooperación internacional.
Un mercado más dinámico
Según los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística, correspondientes a 2008, el año en el que comenzó la crisis, fueron casi 21.000 los españoles de entre 16 y 34 años los que se fueron a vivir al extranjero. Es lógico pensar que, doce meses después, dicha cifra se habrá incrementado a causa del empeoramiento de la situación laboral. Dos de esos jóvenes que se decidieron a salir fuera de España son los hermanos Christian y Nicolás Corbalán, que llevan desde el pasado verano trabajando en un hotel en Bournemouth, Reino Unido. Consideran que el trabajo “también está mal aquí, pero no tanto como en España. Los sueldos son mucho mejores pero también se pagan más impuestos”.
Algo similar le sucede a Berta Barona, que lleva tres años en Londres y ha pasado por diferentes trabajos. Incluso llegó a montar su propia empresa. “Cuando llegué me rifaban las agencias de reclutamiento que ejercen de intermediarias con las empresas sólo por el hecho de que era licenciada y casi sin experiencia. Todas querían apuntarse el tanto de darme mi primer trabajo”.
Hace un mes vino a España de visita “y no lloré de milagro al ver la situación aquí. No es ni medio normal”. Allí, cuenta, “el mercado es mucho más dinámico, aunque la crisis existe. Y aunque me he planteado volver muchas veces, no lo he hecho por la situación económica”. Berta señala que las condiciones son mucho mejores fuera de España: “El sistema funciona mil veces mejor, hay más protección a los trabajadores, y se entiende que los jóvenes son el motor del país. Además, lo temporal está bien visto aquí y no es precario. En España los sueldos son bajos, te tratan mal y no puedes permitirte comprar una vivienda”.
Esther Rincón, por su parte, se está planteando, por segunda vez, dejar España. Ya lo hizo hace algunos años cuando se marchó a Estados Unidos, donde trabajó como profesora ayudante de universidad y completó su primer doctorado en filología hispánica. En su opinión, “fue una satisfacción absoluta volver a mi país y estar cerca de mis amigos y familia, pero en el profesional fue una decisión difícil y equivocada”. Tras nueve meses sin encontrar empleo y con una burocracia “que me complica establecerme en España”, se plantea marcharse a Inglaterra o Estados Unidos de nuevo, países en los que hay mucha más demanda de profesores e investigadores. A su juicio, “en ningún país se vive como en España, pero en casi todos los que he estado se trabaja mejor”.
La nostalgia, el mayor ‘handicap’
El crecimiento personal es uno de los factores que Ana Collazo tuvo en cuenta cuando se marchó a Australia. Sin embargo, dejó atrás muchas otras cosas: amigos, pareja, familia... Una pérdida muy cercana le ha hecho llegar a “lamentar” haberse ido. También Juan Mas destaca que es muy duro tener lejos a la familia y amigos, pero se está dando cuenta de que es “bastante más probable que me siga saliendo trabajo en Londres, aunque me encantaría volver”.
Este abogado, que compaginaba trabajos de colaborador con un curso, comprobó que no le salía trabajo en España y cogió un avión rumbo a Reino Unido. El empleo que allí desempeña le permite ver cómo todos los días “llegan currículos de españoles que vienen a Londres sin nada y tratan de trabajar aquí”.
A Yaiza García le gustaría pensar que acabará estableciéndose en España si la crisis se lo permite. Ella encontró trabajo en una radio Internacional de Ámsterdam poco después de que su empresa en España no renovara su contrato, aunque no le resultaría “ningún drama tener que trabajar en otro sector”. Destaca “lo enriquecedor que es vivir en Holanda, por todo lo que se aprende y abre tus miras”.
El caso de Neftalí Martín es algo diferente. Estudió filología inglesa y se marchó cinco años a Londres. Después, encontró trabajo en Ontario, Canadá como auxiliar de conversación de español. Allí se casó, por lo que de momento no baraja la posibilidad de volver. Tras varios empleos, en estos momentos trabaja en una fábrica y prepara solicitudes para entrar en algún programa de doctorado relacionado con la lingüística y la enseñanza del español en Toronto u Ottawa. El mayor problema, dice, lo ha encontrado en “las trabas administrativas para regularizar mi situación”