Opino igual que Chouman en lo referente a seguir en la misma casa y en el factor sentimental que ello representa.
Según mi punto de vista tendrías las siguientes opciones:
1.- Volver a casa de tu madre.
Ventajas: No pagas alquiler, si tu madre te da el follón no tendrás tiempo de pensar en tu ruptura, te harán ciertas tareas... ya sabes.
Desventajas: Intimidad 0% (a no ser que sea una madre moderna), independencia 0%, te volverás vago y dependiente, tal vez caigas en depresión (sobretodo si ves que te vuelves dependiente), te volverás irritable (sobretodo si es una madre insistente y poco comprensiva), etc.
2.- Seguir en el mismo piso.
Ventajas: Tendrás intimidad, tendrás independencia, podrás hacer tus tareas de casa (no te volverás un vago), puedes traer a quien quieras a casa sin dar explicaciones, no pagarás traslado de muebles o no los tendrás que vender, etc.
Desventajas: Pagarás unos gastos, tendrás menos tiempo porque harás unas tareas de casa, la misma vivienda te recordará a tu pareja, etc.
3.- Cambiar de piso.
Ventajas: Tendrás intimidad, tendrás independencia, la nueva vivienda no te recordará a tu pareja, podras hacer tus tareas de casa (no te volverás un vago), puedes traer a quien quieras a casa sin dar explicaciones, etc.
Desventajas: Pagarás unos gastos, pagarás traslado de muebles o los tendrás que vender, tendrás menos tiempo porque harás unas tareas de casa, etc.
4.- Cambiar al piso de un amigo o en un piso compartido.
Ventajas y desventajas: Las mismas que la nº4, pero con el suceso añadido de que puede ser que te lleves bien o mal con esa persona.
5.- Y antetodo, tienes una sola opción que debes de poner en practica ocurra lo que ocurra y es: ver la vida desde un punto de vista neutral.
No veas solamente que has perdido a una pareja, mira la parte buena de este suceso malo, que es que podrás conocer a más gente, conocerás a alguien mejor (nunca vamos a conocer a alguien peor, sería absurdo). Recuerda que todo suceso malo tiene su parte buena y vicebersa, por lo que, como dice Chouman, has de pensar bien lo que vas a hacer y no guiarte por impulsos o instintos.