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Dos hermanas en el asiento trasero de mi taxi. A la derecha, una auténtica belleza: rostro élfico, cuerpo perfecto, impecables curvas. A la izquierda, todo lo contrario: bajita, regordeta, los mismos ojos que la bella pero distorsionados por un rostro demasiado hinchado, cejas gruesas, pelo ralo. Por su conversación no sólo deduje, como digo, que eran hermanas (de edad similar, algo menor la fea). También demostraron llevar dos vidas diametralmente opuestas.Pese a todo pronóstico, la fea parecía haber cumplido todos sus sueños: Éxito laboral (dirigía su propio estudio de arquitectura), un marido impecable, dos adorables hijos y un precioso chalet con piscina en las afueras (ese fue, precisamente, nuestro destino). Su bella hermana, sin embargo, llevaba más de dos años en el paro, recién había roto su enésima relación sentimental y vivía aún con los padres de ambas. La fea no paraba de darle sabios consejos a la guapa. La guapa sentía palpable envidia hacia la fea.Imaginé la infancia de ambas dentro de un mismo ambiente: los mismos padres y las mismas oportunidades. La hermana mayor, consciente de su potencial físico, tal vez pensara que no haría falta más mérito que el de dejarse ver para triunfar en la vida. Confió sólo en su belleza y acabó fracasando. La fea, por su parte, optó por tomar el camino contrario al de su hermana mayor e incidió en su única arma: el intelecto y un don de gentes forjado, tal vez, a base de cagarse en los clichés y demás convencionalismos estéticos. La fea, de hecho, demostraba una personalidad arrolladora. La guapa era guapa a rabiar, pero carecía de sustancia; se veía perdida, derrotada.Cada cual, en fin, se forja su propio destino. Aun en la misma casa (y distinta carcasa).………………………………………………………………………………………………Nota: Si yo fuera ciego, tendría bien claro con quién quedarme. Putos ojos.
No hace falta ser guapo para no tener actitud ni ser feo para ser un fenomeno -->obvio